Tercer día de la novena de nuestro Padre San Elías

  • Canto:

Caminé por el desierto una jornada de camino 
Y fui a sentarme por cansancio bajo una retama
Allí le dije, ¡Basta ya! Señor toma mi vida
Porque yo no soy mejor que otro cualquiera.

Me acosté y me dormí, venció la tristeza 
El cansancio y el desánimo
pueden mucho en mi.
Pero Tú me despertaste y me dijiste…

//Coro//
Levántate y come de Mi carne
Levántate y bebe de Mi sangre
Porque Yo Soy el pan de tu vida

Levántate y come de Mi carne 
Levántate y bebe de Mi sangre
Porque es demasiado largo
el camino para ti.

Y con la vida de Tu carne, 
Y con la fuerza de Tu sangre
Caminé sin importarme el daño que hace el sol.
Y sin querer mirar atrás volví a mi ciudad
A ser profeta de Tu nombre
Y a contarles lo que Tú me dijiste…

  • Salmo 1:

Jesús, de madrugada subía al monte,
buscando lugares apartados, como el Profeta Elías,
buscando el encuentro de manera espacial con el Padre,
y dedicando tiempo, dando gracias al Padre, o pidiéndole fuerzas,
el evangelio revela tu vida de oración, Jesús Maestro.

Ibas a las sinagogas,
 que eran casas de oración,
cuidando que no se convirtiera
en mercado, porque el celo por la
casa de Dios te consumía, como a Elías.

En tu paso por la historia, te vemos 
anunciando, enseñando,
y abriendo los ojos del pueblo a una vida nueva,
dando a conocer el verdadero rostro de Dios Padre.

Como Elías, buscando el silencio,
apartándote un momento,
para encontrarte  con el Padre,
Elías nos muestra que Dios es celoso
con nosotros, que no le gusta que nos distraigamos en banalidades

Y tú Jesús, nos enseñas a llamar Papá a Dios,
a sentirle como Padre,
descubriendo su gran amor,
demostrando su cercanía, creciente, gratuita,
a lo largo de la vida.

Nos transmites la pasión por la voluntad de Dios,
a saber que el Padre se manifiesta,
suavemente en el susurro de la brisa,
y que nos impulsa a tomar el manto, como Eliseo,
para continuar el proyecto del reino

Jesús, tú nos enseñas a buscar la voluntad
de Dios en la oración de cada día, a discernir
cómo y de qué manera se puede y se debe
ser constante constructor del Reino,
en la vida que vivimos,
en la sociedad que compartimos,
en la historia que nos toca escribir.

Gloria al Padre…

  • Salmo 2:

Enséñame, Padre, a amar como tú amas; a ser fiel en el amor.
Enséñame a abrir mis ojos al otro y olvidarme de mí.
Tú eres amor: amor entregado hasta el extremo.
Tú eres amor, oh Cristo, ternura de Dios en la historia.
Tú eres el corazón del Padre abierto de par en par;
abierto hasta estallar de gozo en lo alto de la cruz.
Tu amor, Jesús, es amor que salva, que cura;
tu amor, Jesús, es la liberación y rescate del hombre;
tu amor lo has puesto en el enfermo y el pecador
y te has hecho, amando, como uno de tantos.

Enséñame, Jesús, amigo, a amar como tú.
Tú eres amor, oh Espíritu de vida; amor del Padre y del Hijo.
Tú eres el regalo de Dios para salvarlo;
tú eres el que vivifica, el que anima y consuela.

Enséñame, Espíritu de amor, a amar como amas tú.
Enséñame, Espíritu de la verdad, a ser verdadero en mi amor.

Yo quiero, amar con el corazón de la Iglesia.
Quiero ser comunidad abierta a todos los hermanos.
Quiero ser casa donde sea bienvenido el que llega.
Yo quiero amar con un amor desinteresado y libre.
Quiero amar con un corazón limpio y transparente.
Quiero amar sin esperar recompensa por lo que he dado.
Quiero, Señor, amar siendo fiel al amor.
Quiero amar, sin hacer nunca juego sucio.
Quiero amar construyendo la vida del otro.
Quiero amar dando siempre con abnegación.
Quiero amar y permanecer en el amor aunque me canse.
Quiero amar y respetar al otro donde tú habitas.
Quiero amar y saber comprender y perdonar siempre.
Quiero amar y aprender a esperar cada día.

Dame, Señor, un corazón limpio y generoso;
un corazón limpio donde el otro encuentre un espacio de libertad;
un corazón limpio donde el otro encuentre un rincón para ser acogido;
un corazón limpio donde el otro encuentre un clima para estar en paz;
un corazón limpio donde el otro encuentre un oasis dónde descansar;
un corazón limpio donde el otro encuentre una llama encendida donde tu estás.
Tú que eres el amor del Padre,
dame tu espíritu de amor para que ame, sencillamente y de verdad.

Gloria al Padre…

  • Lectura bíblica: 17, 17- ELÍAS RESUCITA AL HIJO DE LA VIUDA

Sucedió después que el hijo de la dueña de casa cayó enfermo; su enfermedad empeoró y exhaló el último suspiro.  Entonces ella dijo a Elías: “¿Por qué te has metido en mi vida, hombre de Dios? ¿Has venido a mi casa para poner delante de Dios todas mis faltas y para hacer morir a mi hijo?” 19 Le respondió: “Dame a tu hijo”. Elías lo tomó de los brazos de esa mujer, subió al cuarto de arriba, donde se alojaba, y lo acostó en su cama. Luego invocó a Yavé: “Yavé, Dios mío, dijo, ¿harás que recaiga la desgracia aun sobre esta viuda que me aloja, haciendo que muera su hijo?” Entonces se tendió tres veces sobre el niño e invocó a Yavé: “Yavé, Dios mío, devuélvele a este niño el soplo de vida”. Yavé oyó la súplica de Elías y le volvió al niño la respiración: ¡estaba vivo!  Elías tomó al niño, lo bajó del cuarto alto a la casa y se lo devolvió a su madre. Elías le dijo: “Mira, tu hijo está vivo”. Entonces la mujer dijo a Elías: “¡Ahora sé que tú eres un hombre de Dios y cuando tú dices la palabra de Dios, es verdad!

  • Eco de la palabra
  • Peticiones
  • Padre nuestro
  • Oración.

Padre Santo, te damos gracias por habernos regalado a los Carmelitas la espiritualidad eliana, nos sentimos animados a ser portadores de la fuerza de tu amor por la humanidad, queremos tomar el manto para ser continuadores de la obra de tu reino, extender tu presencia y tu vida allí donde vayamos. De ti recibimos la fuerza que necesitamos para ser tus testigos, sabemos que esto nos compromete y queremos vivir en el compromiso continuo al que nuestra fe nos empuja. La fuerza que de ti hemos recibido, queremos dedicarla a servirte y ayudar a los demás: animando su fe y caminando todos unidos a tu encuentro. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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