Espiritualidad carismática

El carisma de nuestra Congregación, don regalado por Dios, nos impulsa a vivir el Evangelio en la Iglesia y en el mundo, configurándonos de un modo especial con Cristo Siervo de Dios y de la humanidad. Lo que compromete dedicar todas nuestras energías a la causa a la que se dedicó Jesús.

En la actitud de Jesús siervo encontramos el dinamismo con que el Espíritu de Dios, desarrolla su don en nosotras y, al mismo tiempo, la llamada a nuestra responsabilidad, para acoger ese don y desarrollarlo creativamente.

Nos exige, nuestro carisma, vivir nuestra consagración con una “pasión”, por Cristo y por los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Encarnamos este don carismático a través de comunidades fraternas en medio del pueblo, contemplativas proféticas; orando con radical fe y confianza en Dios; viviendo la espiritualidad como talante existencial que brota de la fe y del amor en gratuidad; anunciando el Evangelio con esperanza, viviendo el amor con alegría, mirada empática y compasiva; denunciando las injusticias con valor y sirviendo con sencillez entre los más pobres.

Nuestro ser Carmelita nos lleva tomar como modelos inspiradores a la Virgen María y al profeta Elías y nuestra Fundadora Madre Asunción.

Nuestra misión eclesial brota  de nuestra configuración con la misión de Cristo y tiene por finalidad el permanente anuncio de Reino de Dios.

En comunión y fidelidad creativa y responsable al magisterio de la Iglesia. Solidarizada evangélicamente con los  más pobres y comprometidas en su liberación y salvación.