Madre Asunción, enseñó con su vida el abandono y confianza en Dios

Encarnación Flórez, HCSCJ

Acogiendo el llamado de comunicar la incidencia en mi vida  de alguna virtud o experiencia relacionada con Madre Asunción que me  haya marcado especialmente, comento la fuerza que han tenido: Confianza y abandono.

En el año 1958 cuando fui destinada a Venezuela por Madre Asunción con cuatro hermanas más, en la casa de Madrid, D. Rafael Álvarez Lara, obispo de Guadix, en presencia de Madre Asunción, nos impuso el crucifijo de misioneras. En sus palabras, dirigiéndose a la Madre le dice: “Madre, ¿sabe dónde va a enviar estas hermanas tan jóvenes?” – Él había visitado recientemente Santa Bárbara de Zulia – es un lugar muy cálido y con grandes dificultades. Madre Asunción, después de unos momentos de silencio, le responde: “Ahora que el Sr. Obispo me dice eso, se refuerza mi confianza en que les va a ir bien, porque no van con sus fuerzas sino abandonadas y confiadas en el Señor que será su apoyo y guía principal”.

Nosotras estábamos alegres y felices. Con esa confianza y abandono que Madre Asunción nos infundía. Partimos sin dinero y confiadas en que allí nos esperaban. Realmente experimentamos que el abandono en la providencia de Madre Asunción y su confianza en el Señor se iban haciendo patentes en cada paso, en cada gesto fraterno de los padres carmelitas:  Daniel Redondo, en Caracas; Rafael Luque y Agustín Cobos en Maracaibo; de las Hermanas Apolonia Veny, Francisca Cantarero, Isidra Martínez y P. Bautista Muñoz en Santa Bárbara.

Las primeras experiencias de calor, de cambio de ambiente, rápidamente fueron superadas por tantos gestos de fraternidad típicamente carmelitas. También la confianza en el Señor de Madre Asunción y el abandono en sus manos, se hizo presente en el pueblo. Los representantes del Consejo Municipal en aquel momento representado por los Señores Aranaga y Novoa, pagaron el viaje y gestionaron la casa  y los primeros recursos  para iniciar las actividades  del Colegio “Ntra. Sra. de Belén” y estuvieron atentos a cualquier dificultad que presentáramos que pudiera dificultar nuestra labor educativa. También de Indulac a través de los Sres. Alberto Buchi, Caghgrabert y Espina, recibimos gran ayuda y atención. El pueblo en general nos acogió y ayudó en todo momento y muy especialmente los padres y representantes de los alumnos del colegio, se volcaron en detalles, en cariño, ánimo y acogida; no es fácil comunicar esta experiencia gratificante y de auténtica familia, llevándonos a sentirnos hijas del pueblo, “pueblo de Dios”.

La experiencia comunitaria vivida, fue siempre estímulo y referencia para mí, éramos realmente una, se cumplió con creces el pensamiento de Madre Asunción “si son cuatro, una”. En la vivencia, trabajo y fraternidad, se dio entre nosotras una verdadera complementariedad, una misión comunitaria, hoy diríamos: una comunitariedad.

En todo momento, sentimos que  la  presencia  de   Madre  Asunción, estuvo con nosotras; sus palabras en el aeropuerto de Madrid, ya casi en la pista, que la dejaron pasar, nos dijo: ”Vivir muy unidas entre vosotras y al Señor, fíense de Él  que nunca defrauda, orad mucho, yo estaré con vosotras, con mi oración os acompañaré”.

Esta certeza de su presencia entre nosotras ha sido una experiencia inolvidable que me ha dado paz, serenidad, coraje, confianza, esperanza y estoy convencida que continúa presente en aquella  misión que después de pasar por dificultades y grandes cambios, continúa siendo una luz y una esperanza en la realidad del pueblo y del país completamente diferentes y difíciles.

Hoy con más fuerza y convicción que entonces hago propias estas palabras de su testamento espiritual. “Si se fían de Dios, si van unidas a Él, si se abandonan al poder de Dios, en sus manos amorosísimas, llevan la sabiduría divina” (M. Asunción).

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