“DONDE ÉL QUIERA Y PARA LO QUE ÉL QUIERA”

Madre Asunción procuraba ejercer la caridad al estilo de Jesús de Nazaret. Como el  “Buen samaritano”, se entregó al servicio incondicional de las personas más empobrecidas, marginadas, heridas …en la medida que se lo permitieran las condiciones históricas.

Impulsada por el Espíritu, funda una Congregación con la misión de responder a las urgencias de cada época; no señala obras propias en ningún campo. Cada etapa de la historia le iría marcando su lugar y su servicio, ya sea en la pastoral o en la acción socio-caritativa y educativa. En aquellos tiempos, serán los hospitales, las prisiones, los seminarios, los niños huérfanos o hijos de presos y enfermos, los ancianos… recordemos que funda el año 1924, que le siguen tiempos revueltos social, política y económicamente. Allí donde estuvieran las personas más necesitadas, allí estarían las Hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús, para  servir y acompañar a los predilectos de Dios, aliviando penas y carencias hasta donde les daban las fuerzas, confiando en Dios siempre, abandonadas a su Providencia como tenían aprendido de Madre Asunción. Y la Providencia les sacó de muchos y grandes apuros, económicos y de todo tipo.

La Madre oró, trabajó; compartió sacrificios, sufrimientos y alegrías.  Nada le fue ajeno a su experiencia personal porque era incansable en visitar y compartir las tareas de las Hermanas. No pudo visitar a las Comunidades de otros continentes por razones de  salud. Mantenía con todas correspondencia frecuente, y era constante en recordar que el servicio debe ser ejercido con respeto, con mucho amor, con humildad,  con alegría, como quien sirve al mismo Jesucristo.

La vida interior y la vida de oración de Madre Asunción, sus muchas horas ante el Sagrario, fueron el motor de su entrega a los demás sin reserva, abnegadamente, gratuitamente, sin esperar recompensa humana. He aquí una de los testimonios ya en su tiempo:

 “… cada día se la ve más entregada a Dios, cada día muestra más caridad con el prójimo. Así la vemos los que la pudimos observar a través de las incidencias de unos cuantos años; y, dicho sea en honor a la verdad, siempre vi en sus palabras y obras las sinceridad cristiana y la verdadera humildad que trata de ocultar y disimular todo lo que es mérito propio o motivo de alabanza” (D. Cristóbal Romero, Sacerdote. Málaga, 1948).

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